🎡 Historia de la Feria (y su Infierno más querido).
Por nuestro reportero de investigación con el estómago todavía revuelto de vuelta de las atracciones
Como bien es sabido, la Feria de Abril nació para vender ganado. Corría 1846 cuando el Ayuntamiento aprobó la propuesta de dos concejales, uno vasco (José María Ybarra) y otro catalán (Narciso Bonaplata), quienes sugirieron un mercado de primavera en Sevilla, lo inauguraron el 18 de Abril de 1847 en el Prado de San Sebastián, con 19 casetas y mucho éxito, y claro, como somos como somos, a las pocas ediciones ya había más farolillos que reses y más fiesta que transacciones.
Pero mientras el Real se vestía de flamenca, otro mundo iba tomando forma a su vera. Uno con olor a gofre, luces de colores y música estridente. Así nació, casi como apéndice rebelde, la Calle del Infierno: un espacio para el desenfreno, los sustos controlados y la emoción con entrada libre.
🔥 ¿Por qué “del Infierno”?
La historia oral lo deja claro: tanto ruido, calor, humo y luces provocaban en los más tradicionales esa expresión tan sevillana como tajante: “¡Eso parece el infierno!” Y claro, cuando algo en Sevilla se bautiza con arte, el nombre se queda para siempre.
Se empezó a consolidar en la segunda mitad del siglo XX, cuando los feriantes más modernos —que ya no traían mulos, sino norias y coches de choque— pedían su sitio. Y vaya si lo consiguieron: hoy la Calle del Infierno ocupa casi 100.000 metros cuadrados, con más de 400 instalaciones entre atracciones, puestos, tómbolas y aventuras de todo tipo.
🐄 Del ganado al giroscopio
Si en 1847 la feria era para comprar un buey, hoy es para subirse al “ratón loco” o compartir un algodón de azúcar con tu hijo (aunque el padre lo disfrute más).
Mientras el Real representa la tradición, la Calle del Infierno es el reflejo del cambio, la modernidad y la infancia de varias generaciones. ¿Quién no ha tenido su primera cita bajo la noria? ¿O ha retado a sus amigos a ver quién aguantaba más en el “tagadá”?
🚖 Teletaxi: del albero… a la adrenalina
En Teletaxi Sevilla lo sabemos: la Feria no se acaba en la Portada, empieza cuando la llevas en los ojos y en los pies. Por eso estamos donde nos necesitas:
En la Caseta del Pescaíto, en el albero. Y como no, junto al infierno más querido de Sevilla.
Porque si hay una atracción que nunca falla, es esa que te lleva a casa sin vueltas ni mareos.
La Feria ha cambiado, pero sigue teniendo dos almas: la del clavel en el pelo… y la del subidón con olor a churro. Y las dos, por suerte, siguen vivas.
¿Damos una vuelta?
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